Isaias Garde

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Escritor Coordinador de talleres de escritura y lectura. Corrección de estilo @literatura

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Marco Denevi - Eine kleine nachtmusik
Texto completo acá http://bit.ly/34Sblcd

Tiempo atrás el edificio estaba habitado por familias de posición acomodada. Después, uno tras otro, los departamentos fueron alquilados a agentes de Bolsa, a empresas financieras, a despachantes de aduana. Pero Henriette y Leopoldina von Wels no quisieron mudarse. A la noche ellas y Hildstrut, la vieja criada húngara, eran las únicas almas vivientes dentro del edificio, porque también Wilson, el portero, se iba a dormir a su casa en Montserrat. No tenían miedo de quedarse solas y, si vamos a ver, les gustaba.  Durante el día hay un discreto movimiento de gente y no pocos ruidos. Pero a partir de las nueve de la noche el edificio queda sepulto en el silencio y en la oscuridad de una mina abandonada. Sólo en el 7º piso hay luz y, a menudo, una música tenue. Si algún inquilino hubiese permanecido en su oficina a esas horas, habría dicho: «son las dos extranjeras». Henriette leía, Leopoldina bordaba o tejía una carpeta. En la ortofónica monumental giraba un disco: Mozart, Schubert, Schumann, Chopin, Liszt y, de tanto en tanto, Wagner (pero Leopoldina, aunque nunca lo dijo, detestaba a Wagner y no se atrevía a confesar su preferencia por Rossini). Si hacía calor salían al balcón. En verano todas sus amistades se iban a las playas, y si ellas no veraneaban era porque a Leopoldina el menor trajín le alteraba la salud.

#MarcoDenevi
Jacques Prévert - "Palabras" en PDF en nuestro canal de Telegram
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#JacquesPrévert
Antonio Di Benedetto - Caballo en el salitral
http://bit.ly/34ZcoHp

A una hora de marcha de la estación, donde ya no hay puestos de cabras, lo recibe y lo acosa, lo ciega el agua del cielo. Lo achica, lo voltea, como si quisiera tirarlo a un pozo. Lo acobarda, le mete miedo, trenzada con los refusilos que son de una pureza como la de la hoja del más peligroso acero.

Pedro Pascual deja el pescante. No quiere abandonar el caballito; pero el monte es achaparrado y apenas cabe él, en cuclillas. El animal humilde, obediente a una orden no pronunciada, se queda en la huella con el chaparrón en los lomos. 
Entonces sucede. El rayo se desgarra como una llamarada blanca y prende en el alpataco de ramas curvas que daban amparo al hombre. Pedro Pascual alcanza a gritar, mientras se achicharra. Ruido hace, de achicharrarse.

#AntonioDiBenedetto
Adélia Prado - Saludo
http://bit.ly/34WF4R3 ¡Ave, María!
¡Ave, carne florecida en Jesús!
¡Ave, silencio radiante,
urdimbre de paciencia
donde Dios hizo su amor inteligible!

#AdéliaPrado #Poesía
Svetlana Alexievich - Monólogo acerca de para qué recuerda la gente
http://bit.ly/2LVHSFm

Yo también tengo una pregunta. Una a la que yo mismo no puedo dar una respuesta.  Pero, usted se ha propuesto escribir sobre esto. ¿Sobre esto? Yo no querría que esto se supiera de mí…, que he vivido allí. Por un lado, tengo el deseo de abrirme, de soltarlo todo, pero, por otro, noto cómo me desnudo, y esto es algo que no quisiera que… ¿Recuerda usted aquello en Tolstói?… Después de la guerra, Pierre Bezújov está tan conmocionado que le parece que él y el mundo han cambiado para siempre. Pero pasa cierto tiempo y Bezújov se dice sorprendido a sí mismo: «Todo continuará igual, seguiré como antes riñendo al cochero, me pondré a refunfuñar como siempre». Entonces, ¿para qué recuerda la gente? ¿Para restablecer la verdad? ¿La justicia? ¿Para liberarse y olvidar? ¿Porque comprenden que han participado en un acontecimiento grandioso? ¿O porque buscan en el pasado alguna protección? Y todo eso, a sabiendas de que los recuerdos son algo frágil, efímero; no se trata de conocimientos precisos, sino de conjeturas sobre uno mismo. No son aún conocimientos, son solo sentimientos. Lo que siento.  Me he torturado, he rebuscado en mi memoria y al fin he recordado.  Lo más horroroso que me ha sucedido me pasó en la infancia. Era la guerra… Recuerdo cómo siendo unos chavales jugábamos a «papás y mamás», desnudábamos a los críos y los colocábamos el uno sobre el otro. Eran los primeros niños nacidos después de la guerra. Toda la aldea sabía qué palabras decían ya, cómo empezaban a andar, porque durante la guerra se olvidaron de los niños. Esperábamos la aparición de la vida. «Papás y mamás», así se llamaba el juego. Queríamos ver la aparición de la vida. Y eso que no teníamos más de ocho o diez años.

#SvetlanaAlexievich #PremioNobel
Thomas Bernhard - Deseo insatisfecho
http://bit.ly/2M65RC9

Una mujer de Atzbach fue muerta por su marido porque, en opinión de éste, se había puesto a salvo de su casa en llamas con el niño equivocado. No había salvado a su hijo de ocho años, para el que su marido proyectaba algo especial, sino a su hija, a la que el marido no quería. Cuando, ante el tribunal de distrito de Wels, le preguntaron al hombre qué era lo que proyectaba para su hijo, que quedó totalmente carbonizado en el incendio, el hombre respondió que quería hacer de él un anarquista y asesino a manos llenas que aniquilase a la dictadura y, por consiguiente, al Estado.

#ThomasBernhard
T. S. Eliot - Cuatro cuartetos. Pasá por nuestro canal de Telegram y llevalo en PDF
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Con La Poeta Susana Szwarc. Charlando alegremente de los muertos, de los vivos y sobre todo de los muertos-vivos. Y y por si fuera poco me ligué su novela La muertita.

#SusanaSzwarc
Bram Stoker - La noche de la ciénaga ambulante
http://bit.ly/34OURBr

Pese a la tormenta, salimos sin perder ni un momento. No nos molestamos en llevar una linterna, después de pensar que su luz sería más una molestia que una ayuda, ya que nos impediría ver a lo lejos.  Bajamos la colina en dirección oeste, hasta llegar al borde de la ciénaga. Allí nos separamos, Dick siguió el contorno de la ciénaga colina abajo mientras que yo fui hacia el norte. Habíamos acordado una señal para llamarnos, en caso de que pudiera oírse entre la tormenta: el «coo-ee» australiano, que es el mejor grito para llamar la atención de alguien en el campo.  Cada poco, yo gritaba: «¡Norah! ¡Norah!», con la vana esperanza de que, mientras ella volvía a casa después de intentar encontrar a su padre, oyera mi voz. Pero no obtuve más respuesta que el bramido de la tormenta, entremezclado con el estruendo de las olas contra las rocas de la base de los acantilados.

#BramStoker
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#HenryMiller
Amos Oz - Una sombra
http://bit.ly/34T1uCU

Corren por todo el mundo rumores vagos, quizás también
haya testimonios imprecisos, sobre un ser casi humano,
gigantesco, que vaga solo por las montañas del Tíbet.
Único y libre. Dos o tres veces han fotografiado sus huellas
en la nieve, en lugares remotos por los que ni siquiera
el escalador más intrépido se atrevería a pasar.
Es cierto que se trata sólo de una leyenda local:
como el monstruo del lago Ness o el antiguo Cíclope.
Su madre, que estuvo bordando una servilleta
casi hasta la hora de su muerte,
y su padre, reprimido y deprimido,
que se pasa las noches delante de la pantalla buscando fisuras
en las leyes fiscales, de hecho están condenados
a esperar su muerte encerrados enjaulas separadas.
También tú, con tus viajes
y tu obsesión por alejarte y acumular experiencias,
arrastras contigo tu jaula
de un extremo a otro del zoo. Cada uno tiene su propio
cautiverio. Los barrotes nos separan a unos
de otros. Si de verdad existe un solitario hombre
de las nieves, sin sexo y sin pareja,
que no nace ni se reproduce ni muere y lleva mil años
vagando por estas montañas, ligero y desnudo,
ahora pasará entre las jaulas y tal vez se ría.

#AmosOz #Poesía
John Berger - Una muchacha como Antígona
http://bit.ly/2LYohoj

Calculo que mide unos ochenta centímetros por dos metros. Más o menos el tamaño de una litera de tren. No es de roble, sino probablemente de madera de peral, que tiene un color más cálido. Sobre ella hay una lámpara, también de madera, con un diseño que recuerda vagamente a los de la Bauhaus, que data, tal vez, de los años veinte, cuando la familia se trasladó a este piso. Una lámpara sencilla y funcional que casi parece artesanal, pero insistente en su promesa de modernidad, una promesa en la que ella no creyó nunca, ni siquiera un momento.  La mesa está en la habitación en la que trabajaba y dormía cuando estaba en su casa. En su vida errante debió de pasar más tiempo leyendo y escribiendo en esta mesa que en cualquier otra.  Nunca he conocido a nadie que la hubiera conocido. He mirado muchas fotografías suyas. Le hice un retrato basándome en una de ellas. Por eso tengo la extraña sensación de que puse mis ojos en ella hace mucho tiempo. Recuerdo los sentimientos contradictorios que me inspiraba: una antipatía física, una profunda sensación de ser totalmente inadecuado y algo semejante a la exaltación ante la ocasión de amar que ella parecía ofrecernos. Un amor, como en el Timeo de Platón, cuya madre es la pobreza. Era una persona desconcertante, de eso no cabía duda.

#JohnBerger